Venecia: Por qué no hay alternativa a la ciudad lagunar

Hay ciudades sobre el agua, y luego está Venecia. 118 islas, 400 puentes, cero coches. La Serenissima es una pesadilla logística, pero también el laberinto más bello del mundo.

Si quieres entender Venecia, tienes que dejar el mapa. En las callejuelas (Calli) pierdes la orientación de todos modos, y ése es el objetivo. Porque la ciudad tiene dos caras: la abarrotada Disneylandia entre el Puente de Rialto y la Plaza de San Marcos, donde multitudes de turistas se abren paso por el ojo de una aguja. Y la Venecia tranquila y morbosa, que a menudo está a un paso.

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Arquitectura: Un palacio sobre millones de troncos

Venecia no flota, se alza sobre un bosque. Millones de troncos de roble y alerce fueron hincados en el fangoso suelo de la laguna hace siglos. Sobre ellos descansan palacios de mármol, iglesias e historia. El hecho de que esta construcción se mantenga es un milagro de la ingeniería. La ausencia de coches cambia radicalmente la percepción. El paisaje sonoro es único: no hay bocinas, ni ruido de motores, sólo pasos, voces y el sonido del agua golpeando las paredes del muelle. Aquí el transporte es un trabajo duro. Recogida de basuras, ambulancias, servicios de reparto: todo llega en barco.

Los sestieri: escapar de la multitud

Si buscas la auténtica Venecia, evita San Marcos. Los verdaderos venecianos siguen viviendo en el barrio de Cannaregio, en el norte. Aquí se encuentra el gueto judío, las callejuelas son más anchas y los tendederos se extienden por los canales. O Castello: aquí, cerca del Arsenal, donde se construyó la flota más poderosa del Mediterráneo, la ciudad es casi como un pueblo. Dorsoduro, el barrio estudiantil con la Colección Peggy Guggenheim, también ofrece un soplo de aire fresco. Aquí las plazas (Campi) lleno de jóvenes por la noche, no de turistas de día.

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Delicias culinarias: cicchetti en lugar de pizza

Venecia no es una ciudad pizzera. Los hornos de leña estuvieron prohibidos durante mucho tiempo por el riesgo de incendio. La verdadera moneda de cambio aquí son los cicchetti. En los pequeños bares de vinos (Bacari), las vitrinas están llenas de estos aperitivos: marisco frito, bacalao sobre polenta, sardinas marinadas. Para acompañarlos, se toma un Ombra (un vasito de vino de la casa) o un Spritz Select. Esto es comida rápida en veneciano: de alta calidad, sociable y asequible. Si te sientas en una trampa para turistas en el Gran Canal, pagas por las vistas, no por la comida.

La laguna: fachadas de cristal y colores

El vaporetto es algo más que un autobús sobre el agua, es el salvavidas de las islas. Murano es mundialmente famosa por su arte en vidrio, y las demostraciones en los hornos son impresionantes a pesar del comercialismo. Burano destaca por sus casas de pescadores de vivos colores, que solían indicar a los pescadores el camino en la niebla. Si buscas paz y tranquilidad, dirígete a Torcello: antaño poderosa, hoy una isla verde con una catedral bizantina y apenas habitantes.

Venecia es cara, está abarrotada y hace calor en verano. Pero es única. No hay ningún lugar como ella. Si te levantas temprano por la mañana, cuando la niebla aún cubre el Gran Canal y la ciudad pertenece a los venecianos, te darás cuenta de su magia.

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