VARANASI EN LA INDIA I La ciudad más antigua del mundo: donde la muerte celebra la vida

La mundialmente famosa ceremonia de acción de gracias, el Varansi Ganga Aarti, realizada por jóvenes sacerdotes a orillas del río. Foto: stock.adobe.com/Rahul Banarasi

De nuestro equipo editorial

Un lugar más allá del tiempo: Varanasi, en la India, es la ciudad más antigua del mundo, y desafía todo lo que crees saber sobre la vida.

Cuando el primer destello rosa pálido del amanecer se desliza por el Ganges, despierta un lugar que desafía obstinadamente las leyes de los tiempos modernos. Varanasi, descrita en su día por Mark Twain como „más antigua que la historia, más antigua que la tradición, más antigua incluso que la leyenda“, no es un destino vacacional cualquiera. Es un estado. Aquí, en el corazón espiritual de la India, las fronteras entre este mundo y el más allá se funden.

vista matinal de los famosos ghats de varanasi donde se alinean barcas de maderaBy PrabhjitSingh
Temprano por la mañana en los famosos ghats de Benarés
Foto: stock.adobe.com/PrabhjitSingh

Un museo vivo de la humanidad

La historia de esta ciudad se remonta a más de 3.000 años. Esto convierte a Varanasi en la ciudad continuamente habitada más antigua del mundo. Si deambulas por las „galerías“, las callejuelas laberínticas y finas como lazos del casco antiguo, podrás sentir el peso de las épocas.

La arquitectura es un crisol: enormes casas de piedra del siglo XVIII se alzan sobre cimientos que datan de la antigüedad. Es una densa red de más de 2.000 templos, entre ellos el famoso templo de Kashi Vishwanath, cuyas cúpulas doradas están dedicadas al dios Shiva, patrón de la ciudad.

Barcas de colores y el río Ganges
Qué espectáculo tan colorido.
Foto: stock.adobe.com/saiko3p

Estos callejones también albergan una leyenda: la seda Banarasi. Durante siglos, la ciudad ha sido conocida por sus finas telas tejidas a mano con auténticos hilos de oro y plata -una artesanía que ya se mencionaba en los antiguos relatos budistas Jataka hace más de 2.000 años- y que aún hoy goza de fama mundial.

La orilla sagrada: donde el tiempo se detiene

Benarés en la India
Un monje hindú a orillas del Ganges
Foto: stock.adobe.com/Vinayak Jagtap

La vida en Benarés gira en torno a los 84 ghats, los escalones de piedra que se adentran durante kilómetros en el sagrado río Ganges. A primera hora de la mañana, la escena es de una fuerza incomparable: los peregrinos se sumergen en las aguas para limpiarse ritualmente de sus pecados, mientras los sadhus vestidos con túnicas naranjas, los hombres santos del hinduismo, permanecen inmóviles en meditación. Colores y sonidos, acompañados por el tañido de las campanas de los templos y el canto lejano de oraciones en sánscrito. El Ganges es aquí „Ma Ganga“, una diosa viviente que otorga pureza y redención.

La muerte como parte del todo

Benarés en la India
Crematorios en los ghats de Benarés
Foto: stock.adobe.com/ SmallWorldProduction

El rasgo más llamativo de la ciudad es su actitud abierta hacia la transitoriedad. En los ghats de cremación, especialmente en el Ghat Manikarnika, los fuegos rituales han estado ardiendo continuamente durante siglos. Para los creyentes, no es un lugar de luto, sino de esperanza.

Según la creencia hindú, quien muere en Benarés o es incinerado dentro de los límites de la ciudad sagrada alcanza la „moksha“, la liberación final del ciclo de renacimientos. El hecho de que el final de la vida tenga lugar tan cerca de niños que juegan y de coloridos rituales confiere a la ciudad una profundidad espiritual sin parangón. Aquí la muerte no se oculta; se celebra como una transición solemne.

La magia de la oscuridad: Ganga Aarti

Un escenario de luz a lo largo del pasillo.
Un escenario de luz a lo largo del pasillo.
Foto: stock.adobe.com/anando.a

En cuanto el sol se oculta tras los palacios, la orilla del Dashashwamedh Ghat se transforma en un escenario de luz. Durante la ceremonia vespertina „Ganga Aarti“, los sacerdotes agitan enormes lámparas de aceite encendidas al ritmo de los címbalos. Miles de pequeñas velas en botes de flores se colocan en el río, transformando el Ganges en un resplandeciente mar de luz. Es el momento en que la energía trascendente de esta ciudad se hace más tangible.

Varanasi no deja indiferente a ningún visitante. Es un lugar que plantea preguntas y ofrece respuestas al mismo tiempo.

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